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Hemos recorrido Córdoba, y
sus gentes nos han guiado por caminos de diferentes emociones. Trataremos de seguir de la
mano de la gente andaluza, por otros caminos y otras emociones. Despiertas y la luz de la
ventana te trae intensidades nuevas. Amanece un nuevo día, un día para Granada. La
Alhambra nos esperaba, a pocos metros. Julio llegaba a su mitad y me emocionaba pensar que
por fin estaría en La Alhambra. Sueño de mucho tiempo, revivir su belleza, escondida en
cada rincón. Ser capaces de alejarnos del turista, mirar con otros ojos lo que nos
cuentan sus ventanas, sus arcos, cada rincón. Un misterio que espera a quien desee
descubrirlo. Con cierta pena veo los grupos de turistas en pos del guía que les da,
comprimida, la historia de cada rincón, y lamento que ellos no necesiten imaginar cómo
fue la vida en aquel marco inigualable. Habíamos estado ya en Córdoba y habíamos visto
la misma actitud en el turista, es cierto, pero aquí me dolía más que subieran y
bajaran como un rebaño tras el pastor sin ver en realidad, sin apreciar la belleza
auténtica.... claro, que cada uno encuentra sólo aquello que va buscando... "Cada
uno ve su propia Alhambra, su propia Granada", eran las sabias palabras de un buen
amigo que la visitó recientemente. Cada persona, en realidad ve la vida con ojos propios,
es cierto, pero admirar la grandiosidad de aquella obra, dejando que el alma se escape y
vague libremente, sin destino, en aquellas salas, es un ejercicio que te hace sentir
transportada, plena, feliz y no puedes explicarlo. Casi sientes las voces de siglos, que
te cuentan cien historias, mil leyendas. Rumor de agua, olor a Andalucía. Cierras los
ojos y la aspiras. Además, nosotros tuvimos la suerte de conocer a una persona
maravillosa en Granada, maestra de saberes y señora en su forma de hacer y decir las
cosas. Ella supo, en cada palabra, transmitir el amor a su tierra a muchos chavalillos en
su infancia, ella respira sabiduría, historia, cultura real y no esos sucedáneos que nos
venden en libros y folletines que supuestamente nos hablan de nuestra Andalucía. Ella nos
enseñó el Albaicín, recorrió sus recovecos con nosotros, mientras nos miraba a los
ojos emocionados de sentir que amábamos su tierra, nos explicó mil historias, nos
transmitió la inquietud por saber más. Si este viaje tiene un nombre para el recuerdo,
es el de ella. Nos emocionó con una visión de la Señora (La Alhambra) como la llamaba,
iluminada en una noche de olores de jazmín y brisa muy suave. Nuestra mesa en el
restaurante, en un Carmen, estaba justo enfrente, un delicioso ir y venir de platos de
sabor delicado, presentación impecable. Conversación íntima, confidencias a media luz,
y un sentimiento a flor de piel: Andalucía es momento, instante, es magia.
Nunca sabes
cual va a ser el lugar ni la circunstancia que hace que nunca olvides esa instantánea. Se
hace mágica y sabes que la guardarás en sitio diferente y preferente de los recuerdos y
que a la hora de desempolvarlos, una lágrima se atravesará en la garganta... ¿no les
ocurre a ustedes con algun algún recuerdo? ...pues éste es el mio. Gracias Julia, por
ofrecérmelo. Tardamos tres días en ver La Alhambra, aunque bien sé que quedan muchos rincones aún
por explorar, pero un pequeño accidente hizo que mi tobillo no me ayudara en el
recorrido, y aún no sé si el ir a cenar a un restaurante recomendado por un buen amigo
fue buena idea o sus pequeñas escaleras fueron puestas ahí por venganza... |
Lo que sé es que tardamos varios días en recuperarnos emocionalmente de nuestra visita, menos mal que el dueño de una tasquilla en Granada nos devolvió a la tierra y nos hizo reír como nunca. Era un seductor nato. Te vendía lo que él quería, comías finalmente lo que él decía, te hacía gracia observar que una tras otra, las mesas eran envueltas por su gracia natural, por la frase más adecuada para la circunstancia y siempre antes de cerrar la libreta con la comanda de la comida, los comensales reían sin parar. Decía que estuvo en Canarias trabajando, debió ser verdad por los datos que daba. Que tenía una novia canaria y otras lindezas de la tierra eran ya puro marketing, pero con mucha gracia y salero, de ese natural sin conservantes ni adulterantes. Imagino que la novia sería catalana o gallega para la mesa de al lado, pero ese era su juego y era divertido ver como todos seguían el juego en aquella pequeña tasca... Nos marchamos de Granada con una sonrisa en los labios y una emoción intensa en el corazón. Casi al marchar nos detuvimos en una tienda de souvenirs, grande, regentada por una
señora de mediana edad, guapa aún hoy, que nos guió por vitrinas y estantes en busca
del detalle un poco fuera de lo común, cristal, bisutería, hermosos detalles... De pronto se oye una especie de gritito en un rincón, y una cría de unos 16 años aparece balbuceante, sus facciones inevitablemente te devuelven una imagen contraria a la de su hermana. Su retraso en el hablar y el andar, su balbuceo y su mirada perdida hacen que el contraste sea impactante. Me llena de besos en un instante. Su madre con una mirada triste, nos dice: "Son hermanas". La mayor, sigue dejando que la admiren, y de pronto sale de la tienda sin mediar palabra, sólo con una sonrisa para realzar mas aún los dones tan desigualmente repartidos. La pequeña, cariñosa, se sienta a jugar en el suelo, y sus 16 años parecen ahora cinco, que los que realmente debe tener a juzgar por su grado de retraso. Su madre le acaricia el pelo y nos mira en silencio. Nunca había visto los dos lados de la moneda a la misma vez de forma tan impactante. Finalmente no compramos nada, pero, como hacía calor, nos regaló dos abanicos. Nos alejamos con pena de esta ciudad y de su gente. Ellos sienten aún el orgullo de lo que fue el esplendor de Garnata y son afortunados al tener tantos testimonios que se lo recuerden. Nuestro recorrido ahora nos llevaba de vuelta a Sevilla. Nuestro amigo Rufino, en Umbrete, nos recibe con alegría como si nos conociera de toda la vida, aunque sólo hemos estado en su bar dos veces. Me da la receta de uno de sus platos mejores -el revuelto de habitas- ríe y se esconde tras la barra cuando un toro de fuego aparece por las calles. Una niña de enormes y expresivos ojos me explica con detalle que és aquello, que yo nunca había visto. Se asombra de mi ignorancia y me repite: "¡es peligroso! y da miedo". Pero como ya saben, la ignorancia es atrevida, no le hize hice caso, y me quedé a ver aquel toro de luz, fuego y miedo. |
Aquel hombre grande, muy grande , en la barra chica, contaba anecdotas, mientras reía sin cesar. Aquello más que un bar de pueblo, era un centro de reunión de amigos, pues tanto estabas tú delante como detrás de la barra. Estuvimos muchas veces con amigos diferentes y todos se asombraban de lo llano del trato y la simplicidad de las emociones demostradas. Simplemente es un andaluz autentico este Rufino, dice lo que siente, pero lo más importante, siente de verdad. Recuerdo como han ido pasando los días, y ya queda apenas una semana para que tengamos que regresar... pero queda una sorpresa que, por inesperada, fue más impresionante. Ocurrió en Arcos, mejor dicho, fue Arcos lo que me ocurrió. Algo sucedió allí con todo aquel sitio. Me quedé prendada del lugar y sobre todo de sus gentes. Era un cuento y te encontrabas en él. Allí no necesitabas hacer nada especial, sólo estar, aspirar aquel lugar con emoción y sentir que allí todo tenía una medida diferente. Nunca vi gente tan campechana ni tan amable. Te trataban como del lugar, con muchísimo cariño, como si fueras de la familia. Lo que me resultaba extraño es que eso puede ocurrirte con alguna persona en particular, pero aquí era generalizado. Jamás he conocido gente igual. Cuando me iba leí una propaganda de turismo
y curiosamente en la oferta de las maravillas de Arcos se hablaba del carácter y la
hospitalidad de sus gentes. Era cierto. Andalucía es para mí eso, sentir. Caminar juntos, sabiendo que hablamos el mismo idioma, el del corazón, el del sentimiento a flor de piel. Su gente es puro instinto, pura emoción no contenida. Y eso es lo que les hace diferentes, inigualables, mejores, más auténticos. Les hace entrañables. Impide que se te escape ningún instante porque todos son reales en su contenido y en su forma y eso, en este mundo tan cambiante, tan hipócrita, es todo un privilegio. Como lo es ser andaluz. |
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