Desgraciadamente, este hecho no se ha producido, por lo que, de acuerdo con el Director, vamos a ahondar en el tema para ver si ahora conseguimos que nos manden ustedes sus recetas sobre un plato del que el Dr. Marañón dijo que era "sapientísima combinación de todos los simples alimentos fundamentales para una buena nutrición que, muchos siglos después, nos revelaría la ciencia de las vitaminas". Buscábamos en el capítulo anterior las raíces de este plato y las encontrábamos en la salmuria romana: aquella especie de papilla espesa, hecha de pan, ajos, aceite y sal, que constituyó la base de donde los legionarios romanos sacaron la energía suficiente para la conquista del Imperio. Pero, al seguir estudiando el tema, hemos podido comprobar que quizás sería más acertado equiparar el gazpacho actual a la mezcla de salmuria con la posca, un combinado de agua y vinagre, que los legionarios romanos llevaban en una cantimplora para combatir la sed y que quizás fue lo que le dieron a Jesucristo cuando desde la cruz dijo "Tengo sed". De esta forma se conjuntaban los elementos fundamentales del gazpacho, ajo, aceite, pan, sal, agua y vinagre, hasta que a estos componentes primigenios se unieran el tomate y el pimiento, ya bien entrado el siglo XVIII.
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Salmorejo Es el gazpacho cordobés por excelencia. En esencia el salmorejo clásico consiste en majar incansablemente en el mortero: ajos, sal, pan y aceite virgen de oliva, al que después se le añade, agua y vinagre. En su versión actual, se añaden tomates y, luego, cada pueblo lo personaliza con los tropezones: jamón, huevo, almendras, majado de cominos, poleo, atún e incluso, en algunos pueblos serranos, pollo, perdiz y hasta conejo.
Ingredientes para 6 personas 6 tomates maduros Preparación Se puede presentar en platos o en cuencos, echando por encima un buen chorreón de aceite y acompañado de los taquitos de jamón y el huevo duro picado.
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![]() Ingredientes para 6 personas Para la mayonesa Para el caldo Para el plato. Preparación Cuando la salsa esté bien espesa, punto en el que la cuchara se mantiene de pie, se va echando poco a poco el vinagre y la sal, sin dejar de mover. Si queda muy espesa, se puede aclarar con la mitad de las claras, batidas a punto de nieve, añadiéndolas poco a poco y sin dejar de mover. Para preparar el caldo poner el pescado en una olla, cubrirlo bien con abundante agua y añadir la cebolla y el tomate cortados en gajos, el laurel, el vino y un chorrito de aceite. Poner la cazuela al fuego y cuando comience a hervir dejarlo unos 20 minutos y retirar del fuego. Colar el caldo y reservar. En otra cazuela, poner las patatas, cortadas en rodajas no muy finas (½ centímetro) y cubrirlas con el caldo de pescado. Poner la cazuela al fuego y dejar cocer hasta que estén tiernas. Entonces sacar las patatas y reservarlas y colar el caldo y reservarlo también. Poner en el horno unas rebanaditas de pan bien finas (3 a 4 por persona) y sacarlas cuando estén tostadas. Ya tenemos todos los ingredientes y podemos preparar el plato. Poner la mayonesa en una sopera y añadir el caldo, poco a poco, moviéndolo todo muy bien con una cuchara de palo. Cuando la mayonesa esté bien disuelta, añadir las patatas, probar de sal y ya se puede servir, acompañado del pan tostado. (*) Hemos plasmado aquí la receta más clásica, pero en preparaciones más actuales he visto que empleaban para hacer el caldo pescados más nobles, como el rape o unas almejas, que no se desechaban sino que, desmenuzado uno, y sin concha las otras, se añadían a la sopera, junto con las patatas.
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