por Felicidad Martínez-Pais Loscertales y Juan Sánchez Martínez galle@retemail.es
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El Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla ocupa la zona
más septentrional de la provincia, siendo la zona más húmeda de la misma debido, sobre
todo, a las lluvias de invierno. Por ello constituye un paraje excepcional dentro de la
imagen típica que uno tiene de Andalucía y de Sevilla: en verano es una delicia
acercarse a la Rivera del Hueznar, que tiene hasta cascadas, o a la "playa" de
San Nicolás del Puerto y bañarse en agua ¡helada! Hay otros muchos, y otras maneras de recorrerlo que hemos practicado, en coche, en bicicleta, a caballo pero creemos que es andando como se entra en contacto con él de manera más directa y más íntima Cómo llegamos Al cambiar de rumbo se nota enseguida el cambio del paisaje: el relieve, antes llano, se hace primero ondulado y después decididamente abrupto, la tierra cobra un tinte cárdeno muy llamativo y vemos cada vez más encinas y alcornoques.
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Cuando finalmente nos acercamos a El Pedroso, se entiende muy bien el porqué de su nombre: grandes piedras de granito más o menos redondeadas por la erosión salpican el suelo, donde pasta el ganado y corretean graciosamente los cochinos ibéricos, y es que del cerdo nos gustan "hasta los andares". Primer sendero: El Arroyo de las Cañas Desde este pueblo hay una ruta de senderismo llamada "Sendero del Arroyo de las Cañas" de unos 10 kilómetros y poca dificultad aunque con problemas debido a la falta de indicadores en algunos tramos, problemas que no son graves si uno lleva una guía (la Consejería de Medio Ambiente tiene editado un Manual Práctico del Parque Natural de la Sierra Norte que hace honor a su nombre) y se orienta bien con brújula. El sendero sale del pueblo por el camino de Almadén (a la izquierda según se entra) y se dirige al oeste hasta que nos encontramos con el arroyo que le da nombre casi cuatro kilómetros después. Al encontrarnos el arroyo cambiamos en
dirección norte siguiendo el cordel (camino de trashumancia) que une Cazalla y Cantillana
hasta que éste se une con la vereda de Navahonda en donde tomamos dirección Este
para volver de nuevo al pueblo en el que entramos por la carretera de la ermita de la
Virgen del Espino para encontrarnos, ya en el pueblo, con el antiguo edificio de las
escuelas construido a principios del siglo XX (no digo si se ha terminado o no para no
herir susceptibilidades) por Aníbal González. Se trata de un recorrido con desniveles
muy suaves que nos permite disfrutar de la sierra sin agobios. Según la guía citada, el tiempo estimado para este recorrido es de
tres horas y media. Nosotros salimos a las once de la mañana y llegamos a las tres y
media. |
Segundo sendero: "El Molino del Corcho" Para iniciar este sendero llegamos en coche hasta la estación de tren que hay en la carretera que va de Cazalla a San Nicolás del Puerto. ![]() Cruzamos el paso a nivel de la vía del tren y bajamos hasta el río Rivera del Huéznar, o Huesna, en donde la carretera se bifurca: a la izquierda, siguiendo el ascenso del río, va a San Nicolás; a la derecha, cruzando un puentecillo, se dirige a Constantina. Nosotros preferimos cruzar el río y tomar el carril que hay enseguida a la izquierda, que también es paralelo a la Rivera, hasta llegar al área recreativa llamada "Isla Margarita" que es una de las islas que forma el río en su descenso. Aquí dejamos el coche, junto al segundo puentecillo de madera con el que se accede a la isla desde el carril y empezamos a andar río abajo. Aunque da igual ir por una orilla que por otra, parece más recomendable empezar por la margen derecha y volver por la izquierda en la que hay tramos de una cañada real. El objetivo es llegar a otra área recreativa, la que da nombre al recorrido, El Molino del Corcho, a unos tres kilómetros más abajo, y volver. La guía que mencionamos antes califica este sendero de "imprescindible", y nosotros no podemos estar más de acuerdo. Pasear junto al Huéznar nos permite disfrutar del agua, la vegetación y la fauna con una intensidad que uno no espera: arrullados por el murmullo del agua, que se puede beber, encontramos alisos, olmos, álamos, sauces, fresnos, encinas, arbustos propios del bosque mediterráneo y plantas aromáticas como el cantueso, la menta o el tomillo. El Molino del Corcho es coto de pesca intensiva, abundando las truchas. Nosotros hemos visto también, ranas, sapos comunes, galápagos, culebras viperinas (una vez cogimos una que se estaba zampando una rana), garzas reales, mirlos, urracas y sabemos que hay nutrias por sus huellas y deposiciones. En las dos áreas recreativas hay mesas y asientos y lugares para hacer fuego (¡barbacoa! ¡sardinas! ¡paella!), aunque nosotros preferimos llevar comida hecha cuando vamos con los niños, para no perder tiempo con los preparativos y disfrutar así más del paisaje.
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