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El Observador Antonio Caravantes |
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Hackers
Kevin Mitnick es el más legendario "hacker" mundial. Fue liberado hace unos días, tras cinco años de encarcelamiento por delitos realizados a través de las redes electrónicas. Esta excarcelación (y también un documental emitido recientemente por la televisión española) ha reavivado el debate respecto a la figura de los hackers. Muchos internautas y medios de comunicación adoptan hacia ellos una actitud de simpatía y elogio que es muy cuestionable. Algunas de estas opiniones solo obedecen a estrategias de venta.
En esta sociedad electrónica, el poder también es electrónico: el dinero es electrónico (es información), las guerras utilizan mecanismos electrónicos de red, la censura o las promociones también se hacen utilizando bytes. El poder lo posee quien tiene la información o está en condiciones de administrarla, y además ocurre que quienes tienen este poder utilizan ordenadores (conectados a Internet) para manejarlo con la máxima eficacia.
Hay quien simplifica el problema dividiendo a los hackers en dos grupos: buenos y malos, blancos y negros, hackers y crakers. La realidad es bastante más compleja, y una prueba de ello es que algunas personas consideran "bueno" lo que otros dicen que es "malo". Así que vayamos por partes. Algunos hackers se limitan a buscar los agujeros de seguridad por el simple y puro placer de encontrarlos, sin dar ningún otro paso más. La realidad es que casi todas estas actividades resultan bastante gravosas para los afectados. Y hay que recordar que muchas veces también salen perjudicadas terceras personas por el simple hecho de que el ordenador asaltado contiene datos de esas personas. Creo sinceramente que no hay base para contemplar a los hackers bajo la perspectiva tolerante del "romanticismo underground". Cualquier sociedad debe regularse mediante unas normas que posibiliten la convivencia y el progreso. Quien crea que cualquier actividad hacker debería ser admisible comete un grave error de cálculo, porque eso anula todo derecho a la privacidad y a la intimidad. Pero la justicia raramente consigue condenar a estos pícaros, por varias razones: frecuentemente son capaces de realizar sus acciones sin dejar rastros identificativos suficientes que puedan incriminarles; pero además ocurre que la legislación no suele tener bien tipificados estos delitos modernos y ello permite que el encausado pueda escurrirse por alguna de las grietas legales. Finalmente hay que añadir que es bastante habitual que estas acciones sean de tipo internacional: los hackers se benefician de que las redes sean mundiales pero no sean igual de globales las legislaciones y los otros sistemas de control.
Hasta aquí solo hemos analizado una vertiente del problema. En el lado opuesto a los hackers están quienes detentan el poder, y que frecuentemente abusan de su posición perjudicando derechos legítimos de otros ciudadanos, como puede verse en los siguientes ejemplos. Los gobiernos de algunos países avanzados promueven mecanismos de control electrónico para vigilar ilegalmente las comunicaciones de todos los ciudadanos. La legislación de EEUU considera ilegal exportar un software gratuito llamado PGP que sirve para garantizar la privacidad entre las comunicaciones de dos internautas. Una de las claves del problema está en el sistema de patentes y propiedad intelectual. Según argumentan algunos hackers, la información general debería ser pública, y solo debería estar protegida la información personal. Desde esta perspectiva dicen que si el código fuente de Windows no fuese secreto, cualquier programador podría aprender más y colaborar en la mejora de este sistema, evitando que siga teniendo tantos fallos (el hecho de que un sistema sea abierto y transparente no decrementa la seguridad, sino todo lo contrario, como ya ha demostrado PGP). Claro que en ese caso sería más difícil para Microsoft seguir manteniendo su posición de privilegio económico y tecnológico. Es por todo esto que la mayoría de los hackers utilizan sistemas abiertos y gratuitos como Linux. Pero aún hay industrias empeñadas en promocionar cajas negras, y además se cabrean cuando alguien consigue meter una bombilla dentro: ser el único que conoce una tecnología también es fuente de poder, y los hackers están contra este tipo de control, con toda razón. En un artículo futuro abordaremos estos aspectos con más detalle.
Algunos de los agentes implicados se limitan a lamentar la situación, demonizando a unos u otros, pero sin asumir la tarea que les correspondería para resolver el problema: los legisladores y gobiernos tienen la obligación de crear sistemas de control suficientemente eficaces como para garantizar el respeto mutuo, y por ahora están incumpliendo esa tarea con una impunidad que solo merece nuestro desprecio. Los administradores de sistemas informáticos deberían de entender que ellos son los primeros responsables de garantizar la seguridad de los ordenadores que custodian; cobran por hacer ese trabajo, y si no lo hacen bien habría que exigirles responsabilidades o incluso prohibirles el ejercicio de esa profesión. Estamos en una guerra por el conocimiento y la administración de información, en la que casi todos están cometiendo tropelías o permitiendo que otros las cometan. Este ambiente enrarecido y crispado está perjudicando nuestras relaciones electrónicas y el progreso de nuestra civilización. Pueden consultarse los siguientes enlaces para profundizar más en el tema
-Polémica y delito en el espejo digital del mundo
-Hackers, la guerrilla informática
-Noticias hackers
-Pagina "oficial" de Kevin Mitnick
Comunidad Virtual nº 53 -30 de Enero de 2000 |